CRONICA BY COZIBIKE
Hacía fresco el Domingo a las 8 y cuarto, pero la
mayoría de los 12 presentes salieron en mangas cortas. Para sorpresa de todos,
camino de Fuente la Corcha el llameante pelotón reketekemao es vitoreado por una
multitud acampada en tiendas de campaña al lado del camino. ¿Los primeros fans
del grupo? La verdad es que debía ser un show vernos pasar veloces con ese
pedazo de equipación.
Al llegar a la carretera asfaltada de los badenes aviso a todo el mundo que voy
a lanzar un ataque sorpresa, al que solo responden Salva y Alex. Después de
varias escaramuzas Salva hace la primera demostración del día de que sus
entrenamientos le han dejado en un momento dulce para Ronda. La última ruta que
hice con él fue antes de mi operación, y al igual que Alex no ha desaprovechado
estos cinco meses, lo que ya sabía por su tiempo en Valverde. También he
comprobado el progreso de Jamapa, aunque ayer acusó que llevaba bastantes días
sin entrenar.
Mientras Salva, Alex y yo esperamos al resto, que se lo tomó con más calma,
pruebo el alcance del walkie talkie que la Presi me dejó en la salida, y en el
otro aparato oye mis resoplidos mientras me recupero. Brevísima parada en El
Partido, y al poco de seguir pinchazo de Charo (el moco verde de Monje no logró
sellar completamente la fuga, pero a base de bombín pudo continuar toda la
mañana). Cerca de Fuente La Corcha nos vemos frescos y cambiamos de opinión. En
vez de parar en el bar de la aldea decidimos seguir hasta el Puente de La
Alcolea.
Aunque Charo, preocupada por no forzar su rodilla, tenía intención de no llegar
a las vias del tren y esperarnos en el rio; al final un enérgico Puntiti que no
estaba dispuesto a oirla decir no, la convence para subir y bajar las cuestas
que nos llevaron al Puente de la Alcolea atravesando poco antes de llegar un
espectacular enjambre de mariposas.
En esa parada aproveché para que Salva me contase su intenso plan de
entrenamiento y para ofrecerle mi maillot de la Legión en el caso de que
finalmente, como espero, pueda Rafa ir a Ronda sin verse obligado a ceder su
dorsal (ese maillot significa salir delante de los 3.000 y ahorrarse como poco
más de media hora en el tiempo final).
Acabadas las fotos y la comida, atravesamos la vía del tren para explorar esa
zona que finalmente nos conducirá al rio Odiel. Tras un bonito sendero de hierba
llegamos a una cuesta bastante fuerte que siguiendo mi costumbre subo a pie. Veo
que Alex la sube sin inmutarse (vengándose del intento fallido de subir la
cuesta que nos dejó antes en el Puente donde al final se fue por la trazada
complicada). Salva también lo consigue con algo de suspense al final. Un
valiente Popolusi hace el intento con menos suerte. Parece ser que Puntiti
también lo consiguió antes y no se si alguien más.
Pese a los sabios consejos de la Presi en un cruce, no le hacemos ningún caso y
llegamos al pedregal del Odiel muy lejos del sitio donde se atraviesa a la otra
orilla del rio (justo como ella advirtió). Y empezamos la larga caminata. Con
mis calcetines impermeables (los negros con ribete azul de la foto) no tengo ni
idea de si el agua está fría o caliente. Me gusta y se me hace raro empaparme
los zapatos y sentir los pies completamente secos.
Tumbado en esas piedras en un momento de genialidad hago una foto elegida por
Salva entre más de cien, aunque para mi hay una que la supera. Hice esa foto con
la ayuda de Puntiti que aguantaba mi bici y la poca colaboración de Charo que no
se quedaba quieta. Espero que en vista del resultado, en el futuro se quede en
el sitio que le diga, sin mover ni un solo dedo aunque tenga que aguantar 10
minutos. Como se puede ver en la foto, ayer movió hasta el dedo vendado que
apuntaba a no se sabe donde.
La Presi se hace los doscientos metros finales de piedras montada en la bici, y
al ver que no es imposible decido imitarla. Cruzamos el rio, y subimos hasta el
estrecho y espinoso sendero que hay a media ladera, donde mi culotte largo hizo
que fuera el único que saliera sin arañazos. Puntiti que iba penúltimo se
despista, sube más de la cuenta y vaga por la ladera donde descubre preocupado
huellas de jabalí. Pero sin duda la proeza del día corrió a cargo de Torcecuello
cuyo maillot amarillo, después de muchos minutos, conseguimos divisar fugazmente
en la cima. Nadie sabe como logró alcanzarla, ni los esfuerzos que le costó
llegar; pero lo cierto es que ahí estaba, perdido en la inmensidad de la
naturaleza como Jeremias Johnson.
Charo retrocede y al final escuchamos emocionados por el walkie la exclusiva de
que finalmente pudo reunirse con ella.
En esta parada Cristian aprovecha para cambiar su neumático pinchado. Hacemos
sin novedad el largo tramo hasta la carretera de Gibraleón, asfalto que Rafa,
Pablo y José María deciden tomar para no llegar a Huelva fuera de hora. El resto
nos sentamos en la plaza de la Legión Española para beber algo sin prisas.
Charo, Abel y yo nos hacemos la misma foto que nos hicimos allí hace un año
cuando la conocimos estrenando su entonces flamante bici. ¿Hemos cambiado? La
equipación y su bici seguro que sí.
Salvo Alex y Cristian que se despiden en la plaza, hacemos el tramo final hasta
el Picadero de Aljaraque. Lo hago rápido con Salva y me cuesta mantener su ritmo
incluso en llano. Reagrupamiento, bombín en la rueda de Charo y entramos en el
carril bici con algo menos de 80 kilómetros. Charly decide alejarse de Huelva
para rodar 60 km más de cara a Ronda y los demás buscamos un bar en la plaza de
Toros de La Merced donde recibí el encargo hacer esta crónica mientras
atacábamos unas raciones de ensaladillas y papas aliñadas.